
Dos segundos no es nada. Eso no es tiempo. ¿Qué puede hacerse en dos, tres segundos?
Tres segundos no es nada. Más demora abrir los ojos al despertar, suspirar, expirar, suspirar, expirar, suspirar, expirar. Nada cambia en dos, tres segundos. Encender y llevar un cigarrillo a la boca toma más tiempo que eso. Cuento, lo enciendo... uno, dos, tres, cuatro. Suspiro, uno, dos tres, cuatro... expiro.
Tres segundos no es tiempo, no alcanza a distinguirse el espacio, colores, tamaños, aromas. Peribir un murmullo e identificar de dónde viene, qué es, toma mucho más que eso. Pensar, idear, encontrar la palabra exacta, toma más que dos, tres segundos. Escuchar un llamado a la espalda y volver sobre el paso para saber de quién se trata, toma mucho más que eso. Cuento, uno, dos, tres, cuatro, cinco.
Dos segundos no alcazan para nada, una acción, traer a la memoria, conciliar el sueño, marcar un número telefónico, beber y tragar un poco de vino, arrancar una flor, detener el bus, recepcionar y reaccionar ante una noticia, sentir alegría, tristeza, toman algo más que dos segundos. Un segundo tiene cien milésimas de segundo. Detenerse y observar cómo transcurren en un cronómetro es un absurdo, casi no se distingue su paso.
Cinco años, nueves meses y siete días es algo más que dos, tres segundos. Eso es tiempo. ¿Qué es imposible hacer en cinco años, nueve meses y siete días?
Cinco años es mucho. Puedes abrir los ojos y sentir el tiempo que te ha tomado, suspirar, expirar, suspirar, expirar, suspirar, expirar una y otra vez contándolas. Todo cambia en cinco años, nueve meses y siete días. Encender, llevar un cigarrillo a la boca y conversar quince minutos. Cuento, lo enciendo, recuerdo, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis... quince minutos. Veinte cigarrillos cada dos días, amando cinco años, nueve meses y siete días. Expiro.
Cinco años, nueve meses y siete días es tiempo. Alcanzan a distinguirse espacios, colores, tamaños, aromas. Percibir un murmullo, identificar de dónde proviene, qué es. Se puede pensar, idear, encontrar y decir la palabra exacta a la persona exacta. Escuchar su llamado a la espalda y volver sobre los pasos sabiendo de quién se trata. Ir y abrazale sin dudar. Cuento, sin dudar, cinco años, nueve meses y siete días.
Cinco años, nueve meses y siete días alcanzan para todo, acciones, traer mil cosas a la memoria, conciliar cada día el sueño y despertar, marcar infinitas veces un número telefónico, beber incontables copas de vino y emborracharse, arrancar árboles, construir un jardín, abordar un bus, llegar a Valparaíso, casarse, amarse, soñarse, abrazarse, besarse y no sentir el tiempo.
Un año tiene trecientos sesenta y cinco días. Detenerse y observar cómo transcurren es en absurdo, casi no se distingue su paso amando, viajando, fumando, besando, bebiendo, construyendo. No se siente el tiempo.
Cinco años, nueve meses y siete días desaparecen cuando se olvida... en dos, tres infinitos segundos...

2 comentarios:
Huguette...
Blondie no distingue su lugar y murió congelada. Lealo por favor. Gracias por el comentario, crudo, pero cierto.
Publicar un comentario