
Era un día en que todo brillaba...
El sol caliente, amable, ilumina de manera pasional el paisaje alucinanate. Locus amoenus -pensé enseguida.- así han de haberlo visto o imaginado también los románticos. Juego con el tiempo.
Caminé dos horas, quince minutos y cuatro segundos cuando, de pronto, encontré el lugar de mis sueños. Maravilloso. Siniestro y maravilloso. Paraje nunca antes visto ni mucho menos recreado por mi imaginación. Temor, fue la primera sensación que experimenté, hoy, luego de cinco años, nueve meses y trece días, no puedo negarlo. Cobardía, sin duda. Pero mis anteriores intentos me llevaban continuamente a justificar aquella emoción contradictoria, pues no hubo día en que no deseara contemplarlo. Como decía, así apareció ante mí. Extenso, abierto, verde a la saciedad, puro, confiable, tierra fértil y perfecta para mi habitación.
Me quité la ropa al instante sabiendo que nadie más existía y que sólo yo ocuparía sus rincones. No puedo explicar la dicha que todo esto me proporcionaba. Lo recuerdo todo con tal exactitud que ahora, a cinco años, nueve meses y trece días, rememorando, me parece estar nuevamente en su gracia.
En el último tramo un camino infinito invitaba a un gran bosque que, según decían, los que en él se adentraban no volvían a salir con vida. Esas palabras aparecieron en el mismo momento en que decidí internarme. Pero claro, nada me importó. Sin demora me propuse recorrer cuanto pudiera antes que cayera la noche y la luna me obligara a buscar refugio. Desconozco lo que anteriores aventureros encontrasen en el lugar, sólo puedo decir que mi experiencia fue inolvidable, que la naturaleza era en extremo abundante y su generosidad sin límite. Entenderán entonces, que nada me hizo presagiar lo que más tarde ocurriera.
Entonces. Por cinco años, nueve mese y siete días fui el único habitante de aquella hermosa isla. Aunque a decir verdad, nunca supe exactamente si aquello era cierto y lo que es peor, no tuve jamás intención de corroborarlo. Comía, construía, crecía y jugaba en medio de la naturaleza más deslumbrante que ser humano alguno pudo imaginar. La felicidad dejó de ser un concepto y pasó a ser la materialización de cada mañana, noche y pensamiento que maquinaba. Pero, no quiero mentir, pensar fue una de las actividades que realicé con menor laboriosidad. Es que no había necesidad, salvo para caer en cuenta de la maravilla y de hacerme consciente de la dicha que vivía sin comprender el por qué de su merecimiento. Pero no pasó demasiado tiempo para que lo entendiera. O mejor dicho, el tiempo que me tocó vivir en ella sólo cultivó mi esperanza sin precaver ningún fin. Como dice mi buen amigo Buster, "la alegría es un pequeño sueño de la noche y la noche padece insomnio."
Aquel día del 28 de diciembre de 200... la suave luz del sol me despertó como siempre. Lavé mis partes, pues aún no perdía las costumbres de la ciudad, y me serví las yerbas que quedaron de la noche anterior. Qué día más límpido. El movimiento de las aguas rompía con sus reflejos resaltando el color moreno intenso que había adquirido durante mi estadía. Ya no recordaba lo que era cubrirse, mi cuerpo se me aparecía como un fragmento más del paisaje total. Y sumergido en esta idea, fue cuando le vi...
En el último tramo un camino infinito invitaba a un gran bosque que, según decían, los que en él se adentraban no volvían a salir con vida. Esas palabras aparecieron en el mismo momento en que decidí internarme. Pero claro, nada me importó. Sin demora me propuse recorrer cuanto pudiera antes que cayera la noche y la luna me obligara a buscar refugio. Desconozco lo que anteriores aventureros encontrasen en el lugar, sólo puedo decir que mi experiencia fue inolvidable, que la naturaleza era en extremo abundante y su generosidad sin límite. Entenderán entonces, que nada me hizo presagiar lo que más tarde ocurriera.
Entonces. Por cinco años, nueve mese y siete días fui el único habitante de aquella hermosa isla. Aunque a decir verdad, nunca supe exactamente si aquello era cierto y lo que es peor, no tuve jamás intención de corroborarlo. Comía, construía, crecía y jugaba en medio de la naturaleza más deslumbrante que ser humano alguno pudo imaginar. La felicidad dejó de ser un concepto y pasó a ser la materialización de cada mañana, noche y pensamiento que maquinaba. Pero, no quiero mentir, pensar fue una de las actividades que realicé con menor laboriosidad. Es que no había necesidad, salvo para caer en cuenta de la maravilla y de hacerme consciente de la dicha que vivía sin comprender el por qué de su merecimiento. Pero no pasó demasiado tiempo para que lo entendiera. O mejor dicho, el tiempo que me tocó vivir en ella sólo cultivó mi esperanza sin precaver ningún fin. Como dice mi buen amigo Buster, "la alegría es un pequeño sueño de la noche y la noche padece insomnio."
Aquel día del 28 de diciembre de 200... la suave luz del sol me despertó como siempre. Lavé mis partes, pues aún no perdía las costumbres de la ciudad, y me serví las yerbas que quedaron de la noche anterior. Qué día más límpido. El movimiento de las aguas rompía con sus reflejos resaltando el color moreno intenso que había adquirido durante mi estadía. Ya no recordaba lo que era cubrirse, mi cuerpo se me aparecía como un fragmento más del paisaje total. Y sumergido en esta idea, fue cuando le vi...
Ciudad de Santiago; 4 de enero de 200...
PD: La puta que la parió...

1 comentario:
LA METAFORA TE SIENTA BIEN, TE REFUGIA, PERO TU ALMA SE TRASLUCE Y EL ESTADO DE ANONADAMIENTO TAMBIEN....
TE EXTRAÑO NO TE ALEJES DE MI NO ES NECESARIO QUE ME CUENTES NADA YO ENTIENDO ESO DE ARREPENTIRSE DE HABLAR PORQUE LOS ESPACIOS SON INTIMOS Y SE SIENTE COMO UNA TRAICION, NO ME OFENDE,LO QUE SI ME OFENDEES QUE NO QUIERAS QUE TE ACOMPEÑAY QUE NO ME QUIERAS ACOMPAÑAR. NO ES NECESARIO QUE HABLEMOS DEJAME ESTAR CONTIGO, ARRANCATE CONMIGO, VAMOSNOS UNO DE ESTOS DIAS....
ME HALAGA ESO DE QUE SIGO SIENDO TU PAREJA PERFECTA, TU TAMBIEN LO ERES, PERO CON ESO NO BASTA, SON MUNDOS PARALELOS, PERO IRRECONCILIABES TE ANHELO CON MI MENTE SIEMPRE.
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