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miércoles, 19 de diciembre de 2007

Si las "Nivolas" existe... esto es es una "Fibola"


Luego del muchas horas de camino exclamó el burro:

- Cuánto sol en este lugar, daría cualquier cosa por un poquitito de agua. Pero estoy tan lejos del pueblo y olvidé dónde buscarla solito. Tendré que seguir, algún buen hombre podrá ayudarme, se me seca la panza y mi lengua esta muerta-

Desamparado, el burro continuó su marcha imaginando los días felices junto al lago con sus amigos burros y vacas de quienes obtiene su alimento más preciado: la leche. Pecualiaridades de burro.

Sin embargo, al final del camino una hermosa rata, mas deprimida por los avatares del destino, le observaba atenta desde una fuente y al reparar en las condiciones del pobre burrito pensó: "Ese burro parece sediento. Le invitaré a beber de esta fuente, pues para mi es bastante y ya he saciado mi sed. "Entonces... la ratita, infinitamente amable, le dijo:

- Oye tú, burro de cuatro patas ¿quieres un poquitito de agua? Está fresca, te aliviará-

El burro sin comprender que la suerte estuviese en su camino, miró a la rata con sospecha y creyó que aquel animal miserable, como le llamaban, le haría una mala jugada. Pero la mirada atenta de la humilde ratita en medio de la fuente, despejaron sus dudas y se sintió culpable por sus malos pensamientos.

- Ven burrito, está fuente te vendrá de lo mejor, seguro que va a encantar!!- Confiando, el burro se acercó y metió su tremendo hocico en la fuente sacando su larga lengua una buena cantidad de agua a su panza vacía. Bebía y bebía el burro, bebía y bebía. Y mientras bebía y bebía y recobraba las fuerzas algo más allá de lo posible ocurrió... Una extraña imagen apareció ante sus ojos, una imagen borrosa reflejada en el agua, pero al mismo tiempo nítida, bella como ninguna que llenó su alma acabando con su sed para toda la vida. Era la rata, que desde la orilla le observaba llena de dicha por su buena obra. Desde entones, comentan, el burro carga en su fuerte y grasoso lomo a la pequeña ratita que aquel día llenó la fuente vacía de su alma.

HABÍA UN LUGAR


... Si alguna vez te fuiste, no recuerdo.

Eran noches de aquellas cálidas, dolorosas como dulce al alma el dolor de la desesperanza, de esas en que todo parece claro y oscuro, trepidante y tembloroso a un tiempo y en un espacio abierto.
Es una de esas noches en que todo sabe a similitud, donde los sonidos desaparecen y el vocablo luz pertenece a un lenguaje desconocido, extranjero.
Era un día en que la tierra palpitaba y sus hijos temían castigos guardados. Era la mañana en que la buena madre levantaba su mano, lenta con el peso y tamaño colosal de su raza, furiosa, caliente, paciente mas siempre atenta, despierta al zarpazo, a la huella en la piel.

Es una de esas noches en que unos brazos ajenos cubren la espalda y los miedos se arman contra una mujer que grita, contra un hombre que aúlla esperando su tiempo, su regreso y descansa.

Es uno de esos días en que la noche tiende su pecho sobre mi, en que su me atrevo a llamarle con llanto habriento cuando todos se han ido, cuando nunca han estado y no vuelven porque no les quiero.

Es uno de esos años en que la calma padece, en que el sentido descansa, en que la voz gime, golpea en los dedos de un instrumento que habla y traspasa sangre en hojas blancas.

Es un día de noche en que escribo sin más, esperando, recordando, lastimando recuerdos, esperando nada.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Hoy no hay luna...



Había una vez y no era... - cuántas otras como ésta habrán pasado. Nadie tiene las respuestas, no hay comentarios pero...
- Nada de divagaciones por hoy mi dulce corcel, será mejor que descanses, el día de mañana la luna brillará e iluminará el sendero. Podremos sin problema continuar el viaje a Anedonia.

- No es la luna lo que me inquieta amable caballero, sino la extraña ausencia del canto del riachuelo. Hoy como nunca ha callado, nada bueno ha de presagiar este incidente.

- Tus palabras me inquietan fiel compañero. Sugiero que lo mejor es dejar que morfeo nos tome en sus brazos y que la bella aurora de la mañana nos reciba para emprender la marcha. Varios son los kilómetros que debemos aún andar para encontrar nuestro castillo.

- Sé que tus palabras son sabias, pero si en algo aventaja el animal al hombre es su cercanía con lo natural. Si alguna vez cerca estuvieron hoy no es más que un recuerdo. La noche hoy esconde a la luna, algo ha de suceder, no digas que no lo advertí.
- Duerme corcel... obedece.