Un aroma extraño ha llegado desde marzo...
Amo el despertar caduco, las compañías llenas de palabras que se llevan al partir
Amo cada una de tus palabras malditas, violentamente enamoradas
Amo cada uno de esos gestos que se ajustaron a mis ánimos caprichosos
Amo cada silencio dando paso a mis lágrimas
Odio del mismo modo los silencios a mis lágrimas actuales
Odio cada una de tus palabras ingenuamente estúpidas... esas escuchadas a escondidas
Odio cada gesto recordado como puñalada caliente, con alcohol vivo
Un aroma extraño ha llegado desde lejos
Un aroma extraño ha llegado desde tiempos de memorias tristes, pero aún llega
Un odio ha llegado colado desde amores cruzados en mis cartílagos doblando sangres podridas
Puteando verborreas amorosas clavadas de aromas densos de cariño eterno
Destrozo cuantiosas fragancias que retornan a la calma con jugos gástricos y vomitos nauseabundos
Entierro cuchillos negros en altares de promesas rotas
Maldigo besos de noches oscuras atrapadas en estrellas filosas
Quemo rostros tatuados y miradas perdidas en secretos perdidos
Bebo cada uno de los cariños en esas palabras en busca de cuerpos y caricias negadas
Odio cada uno de los momentos que ahora me condenan a no avanzar
Odio cada segundo de vida con esperanza
Odio cada trsiteza entregada, un bumerang traicionero que dio la vuelta ensangrentado
Destierro los males postergados en tu imagen falsa y podrida
Destierro la rima inútil para sacar odios de amores perdidos
sábado, 14 de agosto de 2010
sábado, 5 de enero de 2008
Dos, tres segundos queman horas, meses, años, una vida...

Dos segundos no es nada. Eso no es tiempo. ¿Qué puede hacerse en dos, tres segundos?
Tres segundos no es nada. Más demora abrir los ojos al despertar, suspirar, expirar, suspirar, expirar, suspirar, expirar. Nada cambia en dos, tres segundos. Encender y llevar un cigarrillo a la boca toma más tiempo que eso. Cuento, lo enciendo... uno, dos, tres, cuatro. Suspiro, uno, dos tres, cuatro... expiro.
Tres segundos no es tiempo, no alcanza a distinguirse el espacio, colores, tamaños, aromas. Peribir un murmullo e identificar de dónde viene, qué es, toma mucho más que eso. Pensar, idear, encontrar la palabra exacta, toma más que dos, tres segundos. Escuchar un llamado a la espalda y volver sobre el paso para saber de quién se trata, toma mucho más que eso. Cuento, uno, dos, tres, cuatro, cinco.
Dos segundos no alcazan para nada, una acción, traer a la memoria, conciliar el sueño, marcar un número telefónico, beber y tragar un poco de vino, arrancar una flor, detener el bus, recepcionar y reaccionar ante una noticia, sentir alegría, tristeza, toman algo más que dos segundos. Un segundo tiene cien milésimas de segundo. Detenerse y observar cómo transcurren en un cronómetro es un absurdo, casi no se distingue su paso.
Cinco años, nueves meses y siete días es algo más que dos, tres segundos. Eso es tiempo. ¿Qué es imposible hacer en cinco años, nueve meses y siete días?
Cinco años es mucho. Puedes abrir los ojos y sentir el tiempo que te ha tomado, suspirar, expirar, suspirar, expirar, suspirar, expirar una y otra vez contándolas. Todo cambia en cinco años, nueve meses y siete días. Encender, llevar un cigarrillo a la boca y conversar quince minutos. Cuento, lo enciendo, recuerdo, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis... quince minutos. Veinte cigarrillos cada dos días, amando cinco años, nueve meses y siete días. Expiro.
Cinco años, nueve meses y siete días es tiempo. Alcanzan a distinguirse espacios, colores, tamaños, aromas. Percibir un murmullo, identificar de dónde proviene, qué es. Se puede pensar, idear, encontrar y decir la palabra exacta a la persona exacta. Escuchar su llamado a la espalda y volver sobre los pasos sabiendo de quién se trata. Ir y abrazale sin dudar. Cuento, sin dudar, cinco años, nueve meses y siete días.
Cinco años, nueve meses y siete días alcanzan para todo, acciones, traer mil cosas a la memoria, conciliar cada día el sueño y despertar, marcar infinitas veces un número telefónico, beber incontables copas de vino y emborracharse, arrancar árboles, construir un jardín, abordar un bus, llegar a Valparaíso, casarse, amarse, soñarse, abrazarse, besarse y no sentir el tiempo.
Un año tiene trecientos sesenta y cinco días. Detenerse y observar cómo transcurren es en absurdo, casi no se distingue su paso amando, viajando, fumando, besando, bebiendo, construyendo. No se siente el tiempo.
Cinco años, nueve meses y siete días desaparecen cuando se olvida... en dos, tres infinitos segundos...
SALUD...

Era un día en que todo brillaba...
El sol caliente, amable, ilumina de manera pasional el paisaje alucinanate. Locus amoenus -pensé enseguida.- así han de haberlo visto o imaginado también los románticos. Juego con el tiempo.
Caminé dos horas, quince minutos y cuatro segundos cuando, de pronto, encontré el lugar de mis sueños. Maravilloso. Siniestro y maravilloso. Paraje nunca antes visto ni mucho menos recreado por mi imaginación. Temor, fue la primera sensación que experimenté, hoy, luego de cinco años, nueve meses y trece días, no puedo negarlo. Cobardía, sin duda. Pero mis anteriores intentos me llevaban continuamente a justificar aquella emoción contradictoria, pues no hubo día en que no deseara contemplarlo. Como decía, así apareció ante mí. Extenso, abierto, verde a la saciedad, puro, confiable, tierra fértil y perfecta para mi habitación.
Me quité la ropa al instante sabiendo que nadie más existía y que sólo yo ocuparía sus rincones. No puedo explicar la dicha que todo esto me proporcionaba. Lo recuerdo todo con tal exactitud que ahora, a cinco años, nueve meses y trece días, rememorando, me parece estar nuevamente en su gracia.
En el último tramo un camino infinito invitaba a un gran bosque que, según decían, los que en él se adentraban no volvían a salir con vida. Esas palabras aparecieron en el mismo momento en que decidí internarme. Pero claro, nada me importó. Sin demora me propuse recorrer cuanto pudiera antes que cayera la noche y la luna me obligara a buscar refugio. Desconozco lo que anteriores aventureros encontrasen en el lugar, sólo puedo decir que mi experiencia fue inolvidable, que la naturaleza era en extremo abundante y su generosidad sin límite. Entenderán entonces, que nada me hizo presagiar lo que más tarde ocurriera.
Entonces. Por cinco años, nueve mese y siete días fui el único habitante de aquella hermosa isla. Aunque a decir verdad, nunca supe exactamente si aquello era cierto y lo que es peor, no tuve jamás intención de corroborarlo. Comía, construía, crecía y jugaba en medio de la naturaleza más deslumbrante que ser humano alguno pudo imaginar. La felicidad dejó de ser un concepto y pasó a ser la materialización de cada mañana, noche y pensamiento que maquinaba. Pero, no quiero mentir, pensar fue una de las actividades que realicé con menor laboriosidad. Es que no había necesidad, salvo para caer en cuenta de la maravilla y de hacerme consciente de la dicha que vivía sin comprender el por qué de su merecimiento. Pero no pasó demasiado tiempo para que lo entendiera. O mejor dicho, el tiempo que me tocó vivir en ella sólo cultivó mi esperanza sin precaver ningún fin. Como dice mi buen amigo Buster, "la alegría es un pequeño sueño de la noche y la noche padece insomnio."
Aquel día del 28 de diciembre de 200... la suave luz del sol me despertó como siempre. Lavé mis partes, pues aún no perdía las costumbres de la ciudad, y me serví las yerbas que quedaron de la noche anterior. Qué día más límpido. El movimiento de las aguas rompía con sus reflejos resaltando el color moreno intenso que había adquirido durante mi estadía. Ya no recordaba lo que era cubrirse, mi cuerpo se me aparecía como un fragmento más del paisaje total. Y sumergido en esta idea, fue cuando le vi...
En el último tramo un camino infinito invitaba a un gran bosque que, según decían, los que en él se adentraban no volvían a salir con vida. Esas palabras aparecieron en el mismo momento en que decidí internarme. Pero claro, nada me importó. Sin demora me propuse recorrer cuanto pudiera antes que cayera la noche y la luna me obligara a buscar refugio. Desconozco lo que anteriores aventureros encontrasen en el lugar, sólo puedo decir que mi experiencia fue inolvidable, que la naturaleza era en extremo abundante y su generosidad sin límite. Entenderán entonces, que nada me hizo presagiar lo que más tarde ocurriera.
Entonces. Por cinco años, nueve mese y siete días fui el único habitante de aquella hermosa isla. Aunque a decir verdad, nunca supe exactamente si aquello era cierto y lo que es peor, no tuve jamás intención de corroborarlo. Comía, construía, crecía y jugaba en medio de la naturaleza más deslumbrante que ser humano alguno pudo imaginar. La felicidad dejó de ser un concepto y pasó a ser la materialización de cada mañana, noche y pensamiento que maquinaba. Pero, no quiero mentir, pensar fue una de las actividades que realicé con menor laboriosidad. Es que no había necesidad, salvo para caer en cuenta de la maravilla y de hacerme consciente de la dicha que vivía sin comprender el por qué de su merecimiento. Pero no pasó demasiado tiempo para que lo entendiera. O mejor dicho, el tiempo que me tocó vivir en ella sólo cultivó mi esperanza sin precaver ningún fin. Como dice mi buen amigo Buster, "la alegría es un pequeño sueño de la noche y la noche padece insomnio."
Aquel día del 28 de diciembre de 200... la suave luz del sol me despertó como siempre. Lavé mis partes, pues aún no perdía las costumbres de la ciudad, y me serví las yerbas que quedaron de la noche anterior. Qué día más límpido. El movimiento de las aguas rompía con sus reflejos resaltando el color moreno intenso que había adquirido durante mi estadía. Ya no recordaba lo que era cubrirse, mi cuerpo se me aparecía como un fragmento más del paisaje total. Y sumergido en esta idea, fue cuando le vi...
Ciudad de Santiago; 4 de enero de 200...
PD: La puta que la parió...
miércoles, 19 de diciembre de 2007
Si las "Nivolas" existe... esto es es una "Fibola"

Luego del muchas horas de camino exclamó el burro:
- Cuánto sol en este lugar, daría cualquier cosa por un poquitito de agua. Pero estoy tan lejos del pueblo y olvidé dónde buscarla solito. Tendré que seguir, algún buen hombre podrá ayudarme, se me seca la panza y mi lengua esta muerta-
Desamparado, el burro continuó su marcha imaginando los días felices junto al lago con sus amigos burros y vacas de quienes obtiene su alimento más preciado: la leche. Pecualiaridades de burro.
Sin embargo, al final del camino una hermosa rata, mas deprimida por los avatares del destino, le observaba atenta desde una fuente y al reparar en las condiciones del pobre burrito pensó: "Ese burro parece sediento. Le invitaré a beber de esta fuente, pues para mi es bastante y ya he saciado mi sed. "Entonces... la ratita, infinitamente amable, le dijo:
- Oye tú, burro de cuatro patas ¿quieres un poquitito de agua? Está fresca, te aliviará-
El burro sin comprender que la suerte estuviese en su camino, miró a la rata con sospecha y creyó que aquel animal miserable, como le llamaban, le haría una mala jugada. Pero la mirada atenta de la humilde ratita en medio de la fuente, despejaron sus dudas y se sintió culpable por sus malos pensamientos.
- Ven burrito, está fuente te vendrá de lo mejor, seguro que va a encantar!!- Confiando, el burro se acercó y metió su tremendo hocico en la fuente sacando su larga lengua una buena cantidad de agua a su panza vacía. Bebía y bebía el burro, bebía y bebía. Y mientras bebía y bebía y recobraba las fuerzas algo más allá de lo posible ocurrió... Una extraña imagen apareció ante sus ojos, una imagen borrosa reflejada en el agua, pero al mismo tiempo nítida, bella como ninguna que llenó su alma acabando con su sed para toda la vida. Era la rata, que desde la orilla le observaba llena de dicha por su buena obra. Desde entones, comentan, el burro carga en su fuerte y grasoso lomo a la pequeña ratita que aquel día llenó la fuente vacía de su alma.
HABÍA UN LUGAR

... Si alguna vez te fuiste, no recuerdo.
Eran noches de aquellas cálidas, dolorosas como dulce al alma el dolor de la desesperanza, de esas en que todo parece claro y oscuro, trepidante y tembloroso a un tiempo y en un espacio abierto.
Es una de esas noches en que todo sabe a similitud, donde los sonidos desaparecen y el vocablo luz pertenece a un lenguaje desconocido, extranjero.
Era un día en que la tierra palpitaba y sus hijos temían castigos guardados. Era la mañana en que la buena madre levantaba su mano, lenta con el peso y tamaño colosal de su raza, furiosa, caliente, paciente mas siempre atenta, despierta al zarpazo, a la huella en la piel.
Es una de esas noches en que unos brazos ajenos cubren la espalda y los miedos se arman contra una mujer que grita, contra un hombre que aúlla esperando su tiempo, su regreso y descansa.
Es uno de esos días en que la noche tiende su pecho sobre mi, en que su me atrevo a llamarle con llanto habriento cuando todos se han ido, cuando nunca han estado y no vuelven porque no les quiero.
Es uno de esos años en que la calma padece, en que el sentido descansa, en que la voz gime, golpea en los dedos de un instrumento que habla y traspasa sangre en hojas blancas.
Es un día de noche en que escribo sin más, esperando, recordando, lastimando recuerdos, esperando nada.
domingo, 16 de diciembre de 2007
Hoy no hay luna...

Había una vez y no era... - cuántas otras como ésta habrán pasado. Nadie tiene las respuestas, no hay comentarios pero...
- Nada de divagaciones por hoy mi dulce corcel, será mejor que descanses, el día de mañana la luna brillará e iluminará el sendero. Podremos sin problema continuar el viaje a Anedonia.
- No es la luna lo que me inquieta amable caballero, sino la extraña ausencia del canto del riachuelo. Hoy como nunca ha callado, nada bueno ha de presagiar este incidente.
- Tus palabras me inquietan fiel compañero. Sugiero que lo mejor es dejar que morfeo nos tome en sus brazos y que la bella aurora de la mañana nos reciba para emprender la marcha. Varios son los kilómetros que debemos aún andar para encontrar nuestro castillo.
- Sé que tus palabras son sabias, pero si en algo aventaja el animal al hombre es su cercanía con lo natural. Si alguna vez cerca estuvieron hoy no es más que un recuerdo. La noche hoy esconde a la luna, algo ha de suceder, no digas que no lo advertí.
- Duerme corcel... obedece.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
